CUENTOS PUBLICADOS

Tiempos de cosecha

La escogí entre muchas otras. Yo era un hombre ya maduro, que acababa de cumplir los cuarenta, y estaba decidido a encontrar a La Mujer con quien formar una familia y tener hijos. Mi compañera de vida. Alguien de buena madera. Recorrí toda la campiña buscándola. No fue fácil. Tuve que seleccionar y separar los granos del escobajo. Había algunas que venían con un packaging muy pomposo y estudiado. Pero apenas las abrías, eran vacías de contenido, y con poco o casi nada para dar. Otras, más moderadas en sus envases, me hacían acordar a la frase “como es arriba, es abajo; como es afuera, es adentro”. Y así eran. Mesuradas, templadas. Nada mal para una degustación. Pero hasta ahí llegaban. Entre la variedad de clases y estilos, conocí a algunas coloridas, pero sin cuerpo; otras muy voluminosas, pero por demás ácidas, un tanto agresivas e, incluso, tornándose algo desagradables al gusto. Aunque las peores de todas eran aquellas que querían hacerse pasar por lo que no eran y renegaban de sus orígenes. Estaba a punto de claudicar en mi búsqueda. Hasta que, afortunadamente, llegó para mí el tiempo de la cosecha. Había viajado a León en agosto, porque el padre multimillonario de un amigo, oriundo de allí, había decidido inaugurar la “Primer Fiesta Medieval de la Vendimia de León”, que duraría cuatro noches y cinco días. Y fue allí, en una vinoteca llamada El Grifo, enclavada en la mismísima Plaza del Grano, entre paredes de piedra y aromas que me trasladan a otras épocas, donde finalmente la hallé. Nos chocamos las manos cuando intentamos agarrar la misma botella. La miré. Nos miramos. Sin mediar palabra alguna intuí que era Ella. Me dejé guiar por su aroma intenso, amaderado, con matices afrutados. Y supe, sin preguntárselo, que era de la zona. “De aquí mismo”, me especificó luego, y agregó: “Nacida en tierra de Reyes, iglesias y murallas medievales. De mercadillos, fiestas y carnavales”. Se ofreció a ser mi guía turística durante los inaugurales festejos. Y yo, embelesado, accedí gozoso. Me llevó a conocer sus bodegas y sus viñedos. Sus ríos bravos y caudalosos. Nos perdimos por sus calles empedradas y sus arboledas. Acariciando las fortalezas medievales me adentré en su historia. De monarcas, magos, juglares y princesas. Entrábamos en todos y cada uno de los restaurantes y tabernas. Y en los chiringuitos montados para aquella celebración probamos las comidas y sabores de antaño, y bebimos los elixires de vides y hierbas. En las esquinas, trovadores vestidos de época nos esperaban ansiosos para dedicarle sus más inspiradas coplas a mi bella compañera. A cambio de algunos billetes…de esta época. Algarabía, cánticos, bailes y fiestas. Parecía que estábamos dentro de una película de género romántico. Todo era mágico, exquisito, soñado… No necesité de un día más para caer en la cuenta de que estaba completamente enamorado.
Mi lado izquierdo del cerebro intentó darle algo de racionalidad al asunto. Y entonces, fue cuando me puse a investigar sus raíces, su familia de varietales y sus antepasados: horticultores, viñateros. Comenzaron a sembrar vides, al mismo tiempo que conciencias. “Ni pescados ni uvas. Cañas de pescar y rastrillos para todo el mundo”, era una de las frases conocidas acuñada por uno de sus bisabuelos. Ella, continuó con la herencia de vendimias y despertares… Aquella información me pareció suficiente. Le pregunté si quería ser mi novia un día antes de marcharme. Sonrió, como accediendo. Y comencé a viajar a
León todos los fines de semana siguientes. Así, entre fines de semana, la fui conociendo. Era pausada al hablar. Algo muy poco común en estos tiempos de comidas rápidas, aluviones de mensajes de textos mal escritos, y sonrisas autómatas y diluidas. Ella, en cambio, para todo se tomaba sus tiempos. Cada pregunta la maceraba. Cada respuesta que daba, antes, la pasaba por el tamiz de sus sentidos. Hasta sus silencios tenían texturas y aromas diferentes. A su lado descubrí que la vida entera se podía dividir en dos grandes ciclos: tiempos de cosecha y de siembra. Se requiere de tiempo para preparar una rica comida; para cambiar de ideas; para aprender a leer, a andar en bicicleta. Hay que aguardar algún tiempo para que llegue la primavera… Y para que nazca un hijo, hay nueve meses de espera. Se necesita tiempo para descubrir las cosas que molan, y las que no cuelan. Tiempo para que aflore el amor en una pareja. Así fue que para poder besarla tuve que esperar ¡tres meses! Hacía rato que me había desacostumbrado a las esperas… Hoy, las casas venían prefabricadas, las comidas precocidas y los cafés exprés. Hice un esfuerzo y recordé que mi último encuentro sexual me había llevado tres vinos y dos citas. Lo que no me pude acordar fue el nombre de ella. Esta infrecuente dilación, en cambio, bien había valido la pena. Tuve la oportunidad de descubrir el lugar exacto donde comenzaban sus pecas, e interpretar sus niveles de gozo según la forma en que se le hundían o arqueaban las cejas. Tenía ojos color miel. Su pelo rojizo, ondulado, mostraba infinitos matices cada vez que el sol le daba de lleno. Siempre usaba polleras con volados, que danzaban con el vaivén del viento.
El día que la besé, casi no pude dormir en toda la noche. Tenía impregnado en mis pupilas el color borravino de sus labios. Su boca sabía a racimos tibios, recién cosechados, y en su piel se alojaba todo el sol y el viento, todos los veranos, los otoños y los inviernos. La había conocido en primavera. Ella estaba toda florecida, y yo florecí con ella. Juntos pasamos el verano, el otoño, el invierno. Habíamos decidido casarnos en León, en primavera. Habíamos comprado una casa en las afueras, rodeada por árboles de naranjos, lilos y lavandas. Los aromas preferidos de ella. Cómo lo iba a sospechar, cómo me iba a dar cuenta… Que ella danzaba con las estaciones, con las uvas, con las cosechas. Ya habíamos pagado la iglesia, alquilado el salón, y el catering para la fiesta. Yo ya me había probado por última vez el smoking, y ella su traje de novia. Habíamos arreglado que fuera para la misma fecha de la siguiente Fiesta. Queríamos celebrar nuestro amor entremezclando los festejos, para volver a revivir nuestro primer encuentro por las calles de piedra, de los castillos, las tabernas y fortalezas.
Ella no me lo dijo a tiempo, y yo no caí en la cuenta. De sus ondulaciones cíclicas, de sus tiempos de siembra, espera, y recolección de cosechas venideras. Así fue como para esas segundas fiestas medievales encontró un nuevo peregrino a quien mostrarle su tierra. No me avisó. No pudo. Tal vez no quiso ocuparse de la anterior cosecha. Me dejó esperando en el altar de la iglesia, con los anillos y mi sonrisa puesta. Yo ya era vino rancio. Y ahora… eran nuevamente los tiempos de la cosecha.

MENCIONES

El jueves 5 de Octubre de 2017 se presentó el libro “Cuentos del Grifo” en la Plaza del Grano de León, España. Mi relato Tiempos de cosecha fue seleccionado para formar parte de la antología que está disponible en  www.libreando.es.

 

Carta al barbudo

Querido Papá Noel:

Viendo que ni el año pasado ni en anterior tuviste en cuenta mi requerimiento, que hacía referencia a la sustentabilidad de los juguetes que te había pedido, hoy opto por esta otra vía, de carácter más formal.

No entiendo como una persona como vos que, seguramente muy bien aconsejado por un asesor, supo construirse una imagen de marca impecable de una punta a la otra del mundo, y que de forma muy acertada se dejó crecer la barba blanca, se puso bigotes, y alimentó esa panza hasta llegar al punto exacto de redondez, todo para dar un aspecto de abuelo bonachón de la humanidad, a esta altura de las circunstancias no tenga en cuenta la problemática ambiental. Tampoco entiendo cómo tu asesor de imagen no te orientó ni te propuso que encararas en esa dirección. (Un descuido de tal magnitud es motivo de despido. No te digo que lo eches, pero sí ponelo a raya, porque puso en juego tu prestigio de siglos!) Hoy, hasta por una cuestión de imagen, y sobre todo de venta, todas las grandes corporaciones, y las pequeñas y medianas empresas tienen en cuenta e incorporan la cuestión de la sustentabilidad, aunque más no sea en sus logos o en el papel con que hacen sus facturas.

Por eso te aconsejo -y va con buena leche- que te pongas al día y te subas a la ola verde de las tres R: Reducir, Reciclar y Reutilizar, y este fin de año para envolver los regalos de todos los chicos utilices papeles usados, como hojas de revistas y diarios, o sino poné a laburar a tus duendes para que con los pedacitos y requechos que sobraron de los cortes de ropa del mundo te armen bolsitas sustentables. Te digo más, yo que vos iría bien a fondo y armaría una movida grosa de refrescamiento y recauchutaje de imagen. ¿Cómo te suena el “Santa Green”? Te calzás un traje verde y blanco y tu silueta va a quedar asociada casi inmediatamente con la ecología. El rojo no garpa como antes. Es pasión, pero también es guerra, sangre, furia, violencia… Ganó demasiadas connotaciones negativas. Cambiá tu vibra tonal y pasate al verde vida, verde natura, verde salud, verde O2. Pegá un volantazo y hacete ambientalista. Eso sí, acompañá el cambio de imagen con acciones verdes concretas. Nada de dobles discursos. Los chicos de mi generación estamos hartos de la incoherencia y los mensajes contradictorios de los adultos. 

Nosotros venimos con otro chip, somos más evolucionados. No nos comemos el verso del crecimiento y el desarrollo ilimitado. Y no quiero alarmarte, pero a muchos les está haciendo demasiado ruido la ideología santaclausiana consumista que Estados Unidos –como muchas otras cosas– tan bien supo exportar al mundo entero, y ya por las redes sociales están empezando a surgir movimientos en tu contra acusándote de ser el brazo comercial de las multinacionales. De hecho, leí que existe un comando anti Santa Claus que ya el año pasado se metía en los shoppings y dejaba en paños menores a todos los papá noeles que estaban dándole caramelos a los chicos, y este año parece que la agrupación promete ir por más. Hasta se te pusieron en contra los curas que salieron a decir que por tu culpa la Navidad como festividad religiosa que marca el día en que nació Jesús pasó a segundo plano y se redujo a un simple evento de compra de regalos y consumo compulsivo. “Con ese gordo angurriento y chantún que sólo va a las casas de la clase media y alta y se desentiende de los más necesitados, ¿qué valores le estamos transmitiendo a nuestros chicos?”, dijo el cura por el noticiero mientras le enfocaban la cara, roja de furia. Decí que era sacerdote que sino, parecía que estaba endemoniado.

Así que gordito, ponete las pilas y sustentabilizate, que si no te subís a la ola verde, me temo que vas a quedar afuera de los festejos de fin de año futuros. 

Te mando un beso

Maru

PD: Si para estas fiestas los regalitos no son sustentables, el año que viene ni te aparezcas, ya me voy a haber pasado al movimiento contrario que explotó en las redes sociales y que banca a los Reyes Magos.

                                                                                       20 de septiembre de 2018

MENCIONES

En octubre de 2018 gané el Primer premio en el concurso literario ambientalista; Cuentos que no son cuentos que la tierra está muy viva, promocionado por el aniversario de la ONG ecologista Caminos de Lapa y @VamosaHacerloArgentina

 

Primer aniversario

Una mujer toca el timbre de una puerta, le abre otra mujer con un turbante, acento español, toda vestida de violeta, cara de chanta.

Luisa- Hola. ¿Usted es Shantal?
Médium- Sí. Y usted eh Luisa…
Luisa- Sí, sí… Discúlpeme. Antes de entrar, le quería hacer una consulta. Porque sus honorarios son muy salados, vio. Y yo tuve que ahorrar cinco meses para poder estar acá hoy. Le quería preguntar si usted me asegura que vamos a poder hacer la conexión con mi esposo. 
Médium- Claro, Muhé. Cien por ciento asegurao. La mía eh una comunicació VIP. Por eso el dinerillo. 
Luisa-…
Médium- Pues, claro. Que lo mío eh una banda ancha de las más anchas. Que tengo un WIFI ¡de la leche!
Luisa- …
Médium- Pa ser más clara. Que yo me conecto con el más allá de cuerpo entero. (Moviendo una mano de cabeza a pies) No es mi voz la que usté va a oír. Usté va a hablar en vivo y en directo con el difunto. Y cuando oiga la mismísima voz del finao, le van a temblar las pantorrillas.
Luisa- ¿Usted dice que yo voy a volver a escuchar la voz de Ricardito? 
Médium- Eso mismo.
Luisa- O sea que yo le voy a hablar a usted, pero en verdad, ¿me va a estar contestando Ricardito? 
Médium- Así eh. ¿Lo entendió o quiere que le haga un dibujillo?
Luisa- Entendí, entendí.
Médium- Ya va a ve. Que no se va a arrepentí. Que el dinerillo va a estar bien destinao.
Luisa- Entonces, si me lo asegura, paso.
Médium- Adianchi (Luisa se da vuelta y la mira extrañada porque reconoce la frase del Negro Olmedo, que no coincide con el acento español que viene poniendo)

Pasan a un living, y se sientan en unas sillas, enfrentadas, mesa de por medio. La médium respira hondo.

Médium- Dígame el nombre del finao.
Luisa- Ricardito Iraola.
Médium- ¿Me trajo alguna ropa suya?
Luisa- Sí, traje unos bóxer. Usted me había dicho que si era ropa íntima mejor. Eso sí, usada no conseguí. El día que pasó lo que pasó tenía toda su ropa interior ya lavada. Esto de la prenda íntima usada es para que con el propio olor sea más fácil la conexión, ¿no?
Médium- ¿La verdá?, ¿la verdá? No. Tengo debilidad por el olor a hombre nomá.
Luisa- (La mira extrañada)
Médium- Cada una con sus vicio…
Luisa- … 

Médium- Pues, vamo a comenzá. Que ahora voy a hacer unos sonidillos de contacto. (En realidad toma agua de un vaso y va haciendo gárgaras). Y cuando me oiga unos gemidillos de placer es porque el muertito ya ha penetrao en mi ser, y ahí usté puede comenzá a hablá con él. Vocé me entende? 
Luisa- (La vuelve a mirar extrañada ahora por el acento brasileño, y afirma con la cabeza)

La médium comienza a hacer unos gemidos terribles, se sacude toda en la silla, tanto que se cae al suelo. Deja de estar en el campo visual de Luisa, que se levanta, y arquea su cuerpo por sobre la mesa para poder verla.

Luisa- ¿Está bien?
Médium- Que sí, que sí. Arranque con las preguntas, nomá.

La médium se levanta del suelo y se vuelve a sentar en la silla.

Luisa- Hola Ricardito… ¿estás ahí?
Médium- Con voz masculina: Hola, mi amor. Acá estoy. Qué lindo poder hablar con vos. ¿Cómo estás, princesa? 

Luisa- Ay, Ricardito, ¡sos vos! ¡Hola, mi amor! Acá estoy, en el día de tu primer aniversario…  quería poder estar, de alguna manera, cerca tuyo… 
Médium- Con voz masculina: Gracias, princesa. Menos mal que viniste. Hay algo que te quería decir, antes no pude porque fue todo tan rápido…
Luisa- Sí, muy rápido… (Sollozos) Una vez que habíamos terminado nuestra propia casa, y estábamos por irnos a vivir los tres con Juancito, a vos te viene a pasar esto… Qué mala suerte. ¿Qué pasó…? ¿Cruzaste sin mirar? Las pericias decían que cruzaste bien, que el semáforo estaba en verde para vos…
Médium- Con voz masculina: Sí, crucé bien. Sabés que siempre respeto las señales de tránsito…
Luisa- Sí, mi amor… ¿Y entonces? ¿Qué pasó? ¿Qué pasó? (Llanto) Encima, en aquel momento hacía un año que la innombrable por fin había estirado la pata. No digo que Dios se la había llevado, porque a esa la mandaron para abajo, seguro. Hacía solo un año que vivíamos tranquilos, sin esa araña ponzoñosa envenenándonos la vida…
Médium- Con voz masculina: No hables así de mamá…
Luisa- No lo puedo creer… ¿Después de muerto la seguís defendiendo? ¿No es que allá arriba se te aclaran los pensamientos, ves la luz, y todo eso?
Médium- 
Luisa- ¿O te meten un dedo en el orto, te resetean y te olvidás de todo? 
Médium- 
Luisa- Yo en cambio, no me olvido. No me olvido del apodo que me había puesto esa vieja podrida. Así como tampoco me olvido de que cuando estábamos de novio, la muy turra le pagó a un tipo para que me coqueteara y me siguiera a todos lados, a ver si yo me olvidaba de vos… Eso por solo nombrar algo…Y cuando finalmente parecía que se había cometido un acto de justicia divina, y se la habían llevado para dejarnos en paz, vos te venís a morir… 

Médium- Con voz masculina: “Lo que toca, toca, la vida es loca”, dice el refrán.
Luisa- No, esa es la suerte. ¿Qué decís…?
Médium- Con voz masculina: “Que es la vida que no alcanza” (tarareando la canción). Siempre queremos vivir más y más, princesa. Pero en algún momento que nunca nos parece el indicado, se termina.
Luisa- “Es la vida que ME alcanza”, así dice la canción de Sandra Mihanovich. Ricardito, estás diciendo cualquiera. O estás fumando cosas raras allá arriba o parece que estás contento de haber partido tan pronto. ¿Acaso no nos extrañás ni un poquito a mí y a Juancito? (Llanto) 
Médium- Con voz masculina: Claro, claro que los extraño. Pero quedate tranquila que estoy muy bien acá, estoy muy en paz. 
Luisa- Entonces, ¿es verdad lo que dicen, que allá nada te preocupa, nada te molesta, que todo te chupa un reverendo huevo?
Médium- Con voz masculina: Sí, es así. Estás como en una nube de pedos pacifistas. Vivís enyoguizado.

Luisa- (Llora) Igual, yo sé que me lo decís para que no me angustie. Para que no me ponga mal, porque todavía la Policía no pudo encontrar a tu asesino. Pero te prometo que mientras viva voy a buscar al hijo de puta que te atropelló y te dejó tirado como un perro en medio de la calle. ¡No voy a descansar hasta encontrarlo!
Médium- Con voz masculina: No, princesa, no gastes tu energía ni tu tiempo en algo que no vale la pena. De verdad que acá arriba la estoy pasando joya. Está todo way
Luisa- Ricardito, vos estás muy raro, ¿hay pasta base arriba?
Médium- Con voz masculina: No, nada. Es lo que te digo de estas nubes. Son poderosas. Estar entre cumulonimbos te pone en un estado…
Luisa- Sí, me doy cuenta…
Médium- Con voz masculina: Escuchame, princesa, hay algo que te quería pedir. ¿Viste el taparollos de madera, arriba de la ventana del comedor? Bueno adentro hay plata. Bastante plata.
Médium- ¿¿De verdad, Ricardito?? (En un tono de sorpresa y alegría)

Médium- Con voz masculina: Sí, sí, de verdad. Te pido este favor. Con esa plata andá a la iglesia de Guadalupe, la que está a dos cuadras de la casa de mamá, y hacé una donación de ciento cincuenta mil pesos para que compren cuarenta bancos para la iglesia. Con una plaquita que diga: “Donación: Sra. Adolfina Dorronsoro”. 
Luisa- …
Médium- Con voz masculina: Es una promesa que le había hecho… Luisa, ¿me estás escuchando?
Luisa- …
Médium- Con voz masculina: ¿Luisa? ¡Luisa!
Luisa- …Yo no puedo creer. ¿¡Estuve cinco meses ahorrando para venir acá y que vos me digas esto!? Y encima ni me preguntaste cómo estamos económicamente. ¡Ni siquiera pensaste cómo nos estamos arreglando! Porque como sabrás, lo que cobro por tu pensión es la mínima. Una miseria, porque nunca trabajaste. Siempre te mantuvo tu mamá…
Médium- Con voz masculina: Me duele que digas eso. Además, sí… Sí que pensé. Por eso, la plata que sobre de los bancos, quedátela para vos y Juancito. 
Luisa- Yo no lo puedo creer. ¿Te estás escuchando? ¡Vos no tenés vergüenza! ¡¿Te importa más cumplir con una promesa que le hiciste a esa vieja de mierda antes de morirse que tu propia familia, que tu propio hijo?! Sos de lo peor. Sos de cuarta. ¡Sos una basura!  Sos… (La interrumpe Ricardito)
Ricardito- Con voz masculina: Sh, pará, cállate que ahí viene… (Lo dice entre dientes)
Luisa- ¿Qué?, ¿Quién viene?… Ricardo, ¡Ricardo! ¡Ricardo! ¿Estás ahí?… Shantal, ¿se cortó la comunicación?
Médium- Con voz de mujer: Qué hacés, Poca Cosa…
Luisa- … (Mira a la médium con cara de no entender)
Médium- Con voz de mujer: Sí, soy yo. ¿O hay alguien más que te llame así?
Luisa- A… A… ¿¿Adolfina??
Médium- Con voz de mujer: No, la madrastra de la Blancanieves, boluda. Sí, soy yo, ¡¿Quién va a ser?! Escuchame, viudita, ¿Para qué venís? ¿Todavía no te diste cuenta que Ricardito me pertenece? Que es mío. Y que siempre lo fue.
Luisa- ¡Shantal! ¡Shantal! ¡No quiero hablar con esta señora! 
Médium- (Con un tono demostrando que le cuesta hablar) Es que no puedo quitámela de encima. Tiene una personalidá muy fuerte. Está arriba mío, aplastándome el espíritu.
Luisa- ¿Y Ricardito?
Médium- (Con un tono que le cuesta hablar) Más debajo. Es que eh una cuestión de lusha de fuerza. Ahora con voz de mujer: Ni después de muerta vas a poder conmigo, Poca Cosa. Eso te pasa por haberte fijado en alguien que no estaba a tu altura. Vos tendrías que haber mirado para abajo, bien abajo, en el mismo lugar adonde estabas vos, arrastrándote por el suelo, cucaracha. 
Luisa- … (Va juntando bronca) 
Médium- Con voz de mujer: Tendrías que haber mirado a algún portero, algún albañil, un verdulero o un carnicero. Algo más a tu nivel. Alguno con olor a grasa como vos.
Luisa- … (Va juntando cada vez más bronca)
Médium- Con voz de mujer: Alguno de esos villeros que al hablar se comen la “eses”. Que andan siempre con las uñas sucias, y con la ropa impregnada de olor a rancio, a mugre, a pobre. 
Luisa- ¿Así que soy una arrastrada?, ¿una cucaracha con olor a grasa? ¿Que tendría que haberme buscado un albañil?… ¿¡O un carnicero?! Sabe que después de que estiró la pata lo estuve dudando bastante… ¿Qué es lo que estuve dudando?, se preguntará. Estuve dudando de si contarle o no al pelotudo de su hijo sobre sus verdaderos orígenes. 
Médium- Con voz de mujer: (En un tono bajo y dubitativa) ¿De qué hablás, Poca Cosa…?
Luisa- ¿A qué no sabe lo que encontré entre medio de unos papeles que trajo Ricardito de su casa al poco tiempo que espichó? ¡Una carta! En realidad, ¡varias cartas! ¡De amor eran las cartas! ¡Mucho amor! ¡Y muchos secretos! 
Médium- Con voz de mujer:… (Hace silencio, poniendo cara de desencajada)
Luisa- Todas estaban firmadas por “El Rey del la Morcilla”. Sí, Don Raúl, el carnicero de la vuelta de su casa. Pero él no se dirigía a usted de forma muy respetuosa. Se ve que no sabía de su alta alcurnia. ¿O sería que las chanchadas que usted le pedía que le hiciera se lo hacían olvidar? Sí, debe ser eso… Fue un poco fuerte leer las cartitas… Se ve que a los dos les gustaban las rimas. A ver si me acuerdo alguna… “Tengo preparado mi armamento, y apenas vea tu culito, le entro”. Esa era de él. Y… a ver, a ver alguna suya… “Como una perrita en celo, moviendo la cola te espero. En cuatro patas, a la hora y lugar de siempre. Y como me lo pediste, me saqué los dientes”. Qué imagen fuerte… Se me quedó tatuada en la mente. No me la puedo borrar con nada, para seguir con las frases rimadas.

Médium- Con voz de mujer: No creas nada de lo que te dice, hijito. Lo hace por despechada…  

Luisa- Despechada, ¿yo? No, solo quería darle su vuelto. No me quiero quedar con nada que no me pertenece. Ahora el bolastriste de su hijo va a empezar a atar cabos. Las cuentas de la carnicería eran exorbitantes. Y su padre boludo, no biológico, siempre se quejaba. Se ve que “El Rey de la Morcilla” cobraba honorarios nobles por sus servicios.

Médium- Con voz de mujer: Callate, Poca Cosa, dejá de mentirle a Ricardito. ¿Qué buscás? ¿Hacerlo sufrir después de muerto…?
Luisa- No. Avivarlo busco. A pero…, cierto… está muerto. Por eso, una última cosita y no los molesto más. Entre todas esas cartas tan… tan… asonantes y consonantes, tu mamita le confesaba que vos eras el continuador del reinado de la achura, pero que tenía que quedar en secreto, su esposo nunca se tenía que enterar. Don Morcilla aceptó llevarse la verdad a la tumba, pero a cambio quiso elegirte el nombre. Así que te llamás Ricardito como tu abuelo matarife, que palmó hace rato. Buscalo por ahí. Debe andar cerca. Tratando de conectarse con su nieto. 
Médium- Con voz masculina: Mami, ¿es verdad todo lo que dice? Con voz de mujer: Ricardito, quedate tranquilo, hijo, yo después te explico todo…

Luisa- Era solo eso. Los dejo porque estoy segura de que van a tener mucho de qué hablar. Adiós. Hasta dentro de muchos, ¡muchísimos años! Tengo pensado vivir hasta los 99, así que… Ah, casi me olvidaba, ¡Feliz aniversario, salchichita parrillera! Porque ni eso sacaste de tu verdadero padre…

Luisa se levanta de la silla, y encara para la puerta. 

Médium- Con voz masculina: ¡Luisa, esperá, no te vayas! ¡Sigamos hablando! Con voz de mujer: ¡Ojalá que te pise en camión y nos volvamos a ver muy pronto, cucaracha! ¡Te voy a estar esperando! Con el tono agallegado: Eh, Muhé, espere, que me tiene que da el dinerillo de la consulta.

Luisa- ¡¿Quééé?! ¡A vos no te voy a dar un puto mango! Mirá si voy a venir acá para comunicarme post mortem con la hija de re mil puta de mi suegra… ¡Dejate de joder! …Andate a cagar, vos también.

Médium- Con voz agallegada: Es que el WIFI es de coneció automática. No me pide permiso, conecta solo.
Luisa- …Llamá a la compañía de celular y pedí que te lo solucionen, tarada… 

Luisa se va dando un portazo. Y se apagan las luces del teatro. 

MENCIONES

Con mi pieza “Primer aniversario” obtuve una mención en el Concurso de Teatro de Humor de la Editorial Sopa de Letras. Fue publicado en una antología digital. (Abril 2017)

Caca

Él–¿Te puedo pedir un favor? ¿Podés dejar de enseñarle a Toto que diga “caca” cada vez que pasamos por McDonald’s?
Ella–No. Así se va formando una opinión desde chico de lo que es esa porquería, y para los siete ya va a ser un militante anti cajita feliz y barriga podrida.
Él–¿Y te pensás que para que no coma esas hamburguesas alcanza con eso?
Ella–No sé, decime vos. El otro día tu vieja le compró una de esas cajas de mierda y Toto se la revoleó por la cabeza, con juguetito incluido.
Él–De eso te quería hablar…
Ella–El juguetito tampoco se lo dejo usar porque tiene componentes cancerígenos, está probado.
Él–Noo, te quería hablar de mi vieja. No puede ser que Toto no quiera besarla cada vez que ella viene a verlo.
Ella–No la besa cuando ella viene a verlo simplemente: ¡porque ella no viene a verlo! Lo tenemos que llevar nosotros a su casa para que lo vea.
Él–Sí, pero la otra vez cuando nos bajó a abrir y lo quiso besar, el otro la esquivó y salió corriendo como un loco mientras gritaba “abuela caca”, “abuela caca”…
Ella–Y qué querés, no tengo la culpa de que tu vieja viva al entre medio de un McDonald’s y un kiosco que tiene el logo de Coca Cola, justo las únicas dos cosas que Toto tiene asociadas con la palabra “caca”. Y sorry, pero es bastante simbólico. Tu vieja vive entre la mierda, entremezclada, casi, casi que se confunde…
Él–No, si vos estás ensañada con mamá desde que la conociste.
Ella–¿Yo ensañada? Si mal no recuerdo, ¿no fue ella la que me dijo el día que me la presentaste que vos habías bajado de categoría en la elección de tus parejas?
Él–Uh, ¿todavía te acordás de eso? Qué rencorosa sos…
Ella–¿Yo rencorosa? ¡Para nada! Simplemente te recuerdo la clase de persona que es tu vieja.
Él–¿Pero cuánto tiempo hace de eso?
Ella–Esperá que sigo, porque vos para todo lo que tiene que ver con tu mamita tenés Alzheimer. Cuando nos comprometimos, se la pasó llorando lágrimas de cocodrilo –qué digo de cocodrilo, ¡de hiena!–, y le anduvo diciendo a ¡mis amigas!, que ese era uno de los días más tristes de su vida.
Él–¡Que querés!, pobre vieja, se le casaba su único hijo.
Ella–Y cuando se enteró la fecha de nuestra boda, la muy yegua la tachó con una cruz en el almanaque de la cocina, y puso: “San Benito, si me concedés lo que te pido te lo chupo todito”. Aparte de yegua, está con una necesidad de que la atiendan terrible.
Él–Noo, vos estás inventando…
Ella–Andá a la cocina y fijate, está debajo del calendario de este año. Se ve que a Benito no le habrá gustado como la chupa tu vieja…
Él–¡Qué decís! No me metas imágenes desagradables en la cabeza…
Ella–¡Yo no soy!, ella anda escribiendo esas cosas, está limada. Además, ¿qué clase de abuela es que reniega de su título? “No me llames abuela, llamame Sofi”, ¡por favor! Se cree que porque se hizo las tetas y se dio una estirada en la jeta la gente la va a confundir con una adolescente…
Él–Bueno, cada uno lleva el tema de la edad como puede. Hay que ver cómo nos pega a nosotros…
Ella–No sé, yo espero envejecer con dignidad sin darme esas biabas violentas.
Él–Che, ¿y qué pasó el otro día que mamá me llamó llorando, diciendo que Toto le había dicho “viejota miserable” en medio de la calle?
Ella–No me hagas acordar, que cada vez que pienso que a tu vieja me la voy a tener que fumar de por vida, me la quiero cortar con una galletita. ¡Qué karma, por Diosss! Estaban volviendo de la heladería y un nene de la calle le pidió una moneda. “Salí de acá, roñoso”, le dijo ella. Entonces Toto se sacó la campera, se la regaló al nene y…
Él–¿La campera que le había regalado mamá?
Ella–Sí, ese abrigo de mierda con la bandera yanqui. Parece que tu vieja todavía no se enteró que vive en Argentina…
Él–Pero era una campera abrigada, ¡de buena calidad!
Ella–Sí, la que vino de mala calidad y fallada de origen es tu vieja. ¡Cómo le va a decir eso al nenito que pide en la calle! Me la paso enseñándole a Toto que tiene que ser buena persona y compartir, ¿y viene el sorete de tu vieja y tira esa frase?! No, ¡si es para matarla!
Él–Eh, pará, te estás yendo al carajo, ¡tratá a mi mamá con un poco de respeto!
Ella–¡¿Yo me voy al carajo?! ¿¿Me lo decís en serio??
Él–Sí, tratala mejor, ¡tené un poco de código! ¡Cuidá las formas, por lo menos!
Ella–¿¿Qué yo cuide las formas decís?? ¡¿Qué yo tenga códigos?! Mirá, no te lo quería decir, pero vos y tu negación patológica a querer ver lo que es tu vieja ya, a esta altura, me hincharon los huevos. 

Ella lo mira fijo, con cierta saña, disfrutando el tan ansiado y postergado momento…

Ella–¿Sabés que tu querida mamita me pidió el teléfono de tu amigo Facundo? ¿¿Y sabés para qué lo llamó?? Preguntale a Facundo a ver qué te dice… Ahh, no, cierto que Facu se alejó de repente. Así como también de repente te enteraste que anda en un auto nuevo, que empilcha como los dioses, y que está teniendo un nivel de vida de que a todos los del grupo les llamó mucho la atención. Listo, ¡te lo dije! Noo, si tu mamá sí que sabe cuidar los códigos y las formas.

Él se pone blanco. La mira sin saber qué decir por unos largos segundos, luego se recompone, e insiste: “Igual, decí la verdad… Vos lo manijeás a Toto para que la llame “caca” a mi vieja…”

MENCIONES

En junio de 2015 obtuve una mención en el concurso Literario Internacional de relato humorístico Alberto Cognigni”, por el cuento Caca, que fue publicado en una antología (junio 2015)

Mi Hermano Lolo

Me llamo Bruno, tengo siete años y un hermano que se llama Lolo, que hace unos meses cumplió tres. Mamá aclara que aunque nos crió de la misma forma, los dos somos muy diferentes.

Ella dice que eso “la despista un poco”. Y que cuando va a la juguetería no sabe qué comprarle…
–Es simple –le contesta mi abuela, que vive con nosotros y es una genia–, preguntáselo a Lolo.

Parece que Lolo sabe cada día más las cosas que le gustan. La que no termina de saberlas es mamá. El otro día bajó del ropero los disfraces que yo usaba cuando era chico de Superman y el Hombre Araña. Y Lolo le dijo que no quería ponerse ninguno de esos, y le pidió que le prestara el delantal y el pañuelo fucsia que tenía ella. Mamá se quedó estatua por unos segundos, y luego se los quitó y se los dio. Cuando terminó de disfrazarse a Lolo le brillaban los ojitos. Estuvo toda la tarde con las cosas puestas de acá para allá, haciendo no sé cuántos personajes. No se las quería sacar. Hasta que mamá le dijo que dentro de muy poquito iba a llegar mi papá. Y que era mejor que se las devolviera. Y recién ahí se las dio. Para mí que lo hizo por la cara de fantasma preocupado que le puso mamá…

MENCIONES

Mi relato “Mi hermano Lolo” fue seleccionado para el Premio Internacional de Literatura Infantil-Juvenil “Cuentos en familia”, organizado por Editorial Verbum. Y junto a otros textos fue publicado en una antología. (Septiembre 2016) https://editorialverbum.es/fallo-del-premio-verbum-de-literatura-infantil-juvenil-2016-cuentos-en-familia