–Toto, ¿viste que bajé de peso?
–No se nota.
–Pero bajé ¡dos kilos!
–Pero no se nota.
–OK.

(Estos son algunos de los inconvenientes
de criar a tu hijo incentivándolo a decir
siempre la verdad =)

17/02/20
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Charlas con mi hijo Tobías II:

Toto: Al final me pasé el día acompañándote a todos lados.
Yo: ¿A mí? ¿Y para quién fuimos a la dentista? ¿Y para quién fuimos a hacer la placa para los aparatos?
Toto: …
Yo: Para vos.
Toto: A mí no me importan los dientes…
Yo: ¿Cómo que no? Es importante tener los dientes parejos.
Además, empezás ahora y para los 11, 12 ya tenés todo perfecto.Toto: Yo no quiero arreglármelos.
Yo: ¿No querés verte con los dientes lindos?
Toto: No, lo importante es ser bueno y lindo por dentro, no importa lo de afuera.

(Algunos otros de los inconvenientes de criar a tu hijo enseñándole a ver la verdadera belleza de las personas)

22/02/20

 

 

 

EXTRACTO DE LA TRANSCRIPCIÓN INDAGATORIA

–Toto, ¿qué hiciste con la media banana?
–Me la comí.
–¿Y la cáscara?
–No sé
–Toto, ¿adonde dejaste la cáscara?
-No sé, pero la banana ya me la comí...

Ayer me desayuné como madre con los primeros chamuyos premeditados de Tobías. ¿La causa? No querer comerse media banana antes de ir al parque. El muy pícaro la hizo desaparecer de la escena de forma repentina diciéndome que ya se la había comido. Pero hete aquí, que el armado de las primeras zarazas tiene sus fallas. También hizo desaparecer de forma repentina, pero sobre todo mágica, la cáscara. Así que le traje la otra mitad y se la tuvo que comer frente a mí.

No me gusta la mentira. Es una de las cinco cosas que más me joden. “Y recién 8 años...", pensé, un toque movilizada por este debut. Hasta que más tarde me acordé que con mi prima Ivana, tendríamos nueve años y, para no ir a la colonia del Náutico en Zárate, una mañana tiramos en el inodoro: ketchup y ciruelas aplastadas, simulando una descompostura en simultáneo, claro, en el mismo inodoro. Y ahí me tranquilicé. “Cosa de chic@s”, pensé.

Coincidentemente, también en el caso de Tobi, el inodoro había sido utilizado como coartada para borrar las huellas del “Crimen de la banana desaparecida”. Finalmente, entre risas, me lo confesó.

Igualmente, a Toto, le conozco las miradas. Y la mirada que acompañaba a la afirmación de que se había comido la banana (con cáscara y todo) no iba a pasar inadvertida a la mamá Sherlock Holmes especialista en mirarlo: despierto, dormido, sonriendo, encabronado, pensativo, reflexivo, dudoso, alegre, ¡feliz! Porque es lo que más hago... Mirarlo. Desde que llegó a mi vida para iluminarla.

29/02/20

#CharlasConMiHijo  #CharlasConTobías
 
 
 
 

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